Poco antes de Argamasilla me encontré con unos agricultores (regantes) en la ribera del río. Con toda mi inocencia e ilusión, y como si estuviera buscando el arca perdida, les pregunté si sabían dónde tenía lugar aquel fenómeno insólito del gran sumidero; dónde estaba aquel lugar donde el Guadiana se perdía en la tierra.
- ¿El Guadiana?
- Sí, el Guadiana, llevo escuchando años que cuando corría se perdía por aquí. Y si este año sale agua de la presa, digo yo que por algún lado se estará perdiendo.
- Pero ¿qué Guadiana?
- Pues este, cuál va ser -les dije señalando con el dedo al único río que hay en 50 km a la redonda. ¿Es que no es este el Guadiana?
- No…
- ¡¿Y qué río es?!
- Pues “el Río”
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domingo, 10 de abril de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
A Ruidera y vuelta a empezar
Caminando desde Los Ojos del Guadiana hasta las Tablas de Daimiel, han caído algunos de aquellos mitos de gigantes y dragones; otros se han hecho aún más grandes. He empezado a entender qué era eso del suelo en llamas, de fincas enteras tragadas por la tierra, de ríos que iban en contra dirección… He podido vislumbrar el tamaño imponente de aquel Guadiana y el modo en que éste jugueteaba con el terreno. Pero siguen faltando datos.
¿Qué es lo que ha pasado con el agua? ¿Por qué llega en superficie y no aparece también por Los Ojos? ¿Qué lo impide? ¿Podrá volver a brotar? ¿Qué hay de cierto de aquel río subterráneo que corría kilómetros bajo el campo de San Juan?
¿Qué es lo que ha pasado con el agua? ¿Por qué llega en superficie y no aparece también por Los Ojos? ¿Qué lo impide? ¿Podrá volver a brotar? ¿Qué hay de cierto de aquel río subterráneo que corría kilómetros bajo el campo de San Juan?
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